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Han hablado de él Doctor Prof. Giorgio Tomaso Bagni Colegio “Pío X” Treviso Muy diversas pueden ser las elecciones que llevan a un artista a acercarse, a leer, a interpretar y en fin a reproponer la realidad; estas elecciones determinan netamente el estilo de cada artista particular, fijan la propuesta cultural, informan la investigación, sugieren el acercamiento o la adhesión a una corriente. Los trabajos de Marco Cagnetti se caracterizan por el uso siempre libre, pero al mismo tiempo atentamente meditado, del símbolo. El artista toscano presenta una serie de trabajos en los cuales la atmósfera onírica, típicamente surrealista, es esbozada y decididamente definida por la superposición de signos y de símbolos, desde la transfiguración sugestiva y seductora de los muchos elementos trazados por el patrimonio visual, de lo visto, y a veces de la cotidianeidad. Marco Cagnetti sabe lúcidamente obtener, más allá de los hechos reales, una especie de “esencia imaginaria” de los objetos representados, aún de los elementos más comunes. De esta investigación, personal y original, derivan obras ciertamente placenteras y siempre interesantes y sugestivas, intensamente participadas, en las cuales el espectador no tarda en reconocer las imágenes (mentales, instintivas) del sueño. Noviembre de 1992 Treviso. Encanto y misterio Prof. Doctora Caporali Elisabetta Es con placer que quiero dedicar este análisis al artista toscano Marco Cagnetti, para que pueda hacer entender al público su arte llena de fantasía y de sueño. Ciertamente es propio de estos dos mundos llenos de encanto y de misterio que toman cuerpo las composiciones de Marco. En los paisajes marinos, en las naturalezas muertas, en las naturalezas danzantes, percibimos este lenguaje, encendido de un cromatismo vibrante que quita el aliento al observador atento y sensible a la poética del color. Desde mi punto de vista de hecho el artista se expresa no solo con el lapiz sino aún más con el pincel logra hacer hablar los colores que la naturaleza le ha dado, en una visión armónica. El pintor Marco Cagnetti ha entendido bien esta relación; lo podemos observar en sus naturalezas muertas, verdaderas representaciones surrealistas que no provocan angustia sino liberación de la naturaleza, transformada por el hombre, en aquella fantasiosa que el niño puede todavía comprender porque está aislado de las estructuras esquemáticas mentales. Desde hace tiempo sigo el itinerario de Marco Cagnetti, y debo decir que mantengo mi entusiasmo en sus trabajos siempre atentos a la búsqueda de algo que desarrollar: el amor por la naturaleza. Composiciones de líneas mórbidas que presentan lugares desconocidos, pero más queridos para la mayoría, en la visión onírica del inconsciente de cada uno de nosotros, haciendonos descubrir la importancia de la creatividad que el hombre no se cansará nunca de dar. Noviembre de 1992, Pisa Viaje en el espacio Prof. Doctora Elisabetta Caporali La pintura espacial de Marco Cagnetti, es un conjunto de lenguajes que comienzan en una visión onírica y surrealista presente en las últimas obras realizadas sobre masonite, en muestra en el bar la Saletta de Tonfano, en el mes de abril. Son ocho trabajos pintados con técnica mixta de colores encendidos sobre diversas tonalidades, del rojo oscuro al anaranjado, desde las gradaciones tenues y graves del verde, al azul en un continuarse de líneas y figuras despedazadas que vagan en el espacio. El viaje en el espacio, metáfora de un viaje surreal del hombre pasado que se reencuentra en aquél contemporáneo ha interesado al artista Marco Cagnetti en estos últimos cuadros suyos. Su investigación pictórica se remonta a una quincena de años, cuando transcurría sus jornadas “de taller”, en estudios de artistas importantes y, reconocidos a los adeptos al trabajo: Pratali, Biagi, Possenti; Marco Cagnetti aprendiendo de sus experiencias ha elaborado partiendo de la figura, una imagen legada a la naturaleza y al sueño como se nota en sus primeros trabajos al acrílico y al óleo. El pintor, en aquel período representaba el ambiente marino, un mundo onírico que sobre la superficie terrestre abraza el mismo lenguaje; un ambiente habitado por sus criaturas y por sus símbolos: el reloj, la torre, la mujer. Marco Cagnetti de los paisajes surrealistas arriba con los años a las composiciones libres sobre el estilo de Kandinsky, el pinta sus cielos soñados con sus pequeñas barcas, guiadas por los hilos invisibles de un “Don Quijote” que “lucha poéticamente” en un mundo irreal, aquel imaginado por Cagnetti. El artista ha continuado en su búsqueda ideal y cromática, descomponiendo la materia en combinaciones abstractas y manteniendo la originalidad de la forma y del movimiento. Su naturaleza de hombre y de artista lo ha llevado a reflexionar sobre el sentido de la existencia y del nacimiento del universo catapultando así la propia atención en el viaje del hombre en el espacio, a su sed de conocimiento de “virgiliana” memoria que reporta al mito de Ulises. Marco Cagnetti hace de su arte sin sombras de presunción una presentación artística del viaje del hombre en el espacio, contemplado a través de sus planetas, de sus estrellas, de sus naves espaciales, su interés por el color como él afirma es aquél de reencontrar la espiritualidad del color, su castillo imaginario construido por el hombre e ideado por el hombre-artista para gozar del saber universal. Marco Cagnetti Espíritu Candoroso Sra. Eliana Rocchetti Es un artista que transfiere en sus obras su espíritu candoroso, tal como recuerda la magia que se difunde de los cuadros naif. Dando una primera mirada a sus obras se puede notar como ha prestado atención al surrealismo y en particular a Dalí, Van Gogh, a Chagall y a Picasso, pero esto no quita nada a la originalidad de Marco Cagnetti que más allá de marginales tomas iconográficas expresa una identidad personal. Los colores son siempre vivaces: rojos, amarillos, verdes que en algunas obras se fortalecen para subrayar la lucha entre el bien y el mal, que refleja el alumbramiento de la existencia humana misma. Esta lucha a veces confluye en obras tendencialmente abstractas, donde desaparece la figura antropomorfa, para ser sustituida por su equivalente espiritual. Otras veces esta lucha se desarrolla en obras donde la figura antropomorfa no desaparece y tal elección no es casual: el hombre es el punto de partida, pero en él vive el animal que aflora en el momento en que prevalece el instinto, confluyendo esta vez en el camino del mal, mientras la racionalidad permite bloquear este mecanismo de fuerzas contrapuestas, dejando surgir un mensaje de esperanza. Él representa mundos terrestres y marinos en los cuales se refleja la expresión fabulosa del artista que compone a partir de la naturaleza para dar vida a aquello que recoge su mirada sensible, aún allí donde parece aparentemente no haber vida. Tommaso Paloscia Se libera en el mundo submarino la fantasía visionaria de Cagnetti Reparte su compromiso entre la restauración y la pintura teniendo a sus espaldas – o, mejor, encima – un diploma odontotécnico que debería haberle abierto las puertas a una brillante carrera, dedicada a la reconstrucción de molares, de caninos y de incisivos que hubieran restituido la sonrisa, habitualmente fascinante, a los señores livorneses. Pero Marco Cagnetti, decidido a trabajar contra corriente, restaura obras de arte y pinta sobre el hilo de una bella fantasía que lo porta como por encanto a los fondos marinos, entre peces y flores de singular sugestión. Pienso que se trata de un amor que se ha llevado con él cuando ha dejado la nativa Livorno para mudarse, entiéndase bien, entre los amigos-enemigos tradicionales de los livorneses que son los pisanos, gente de gran corazón todavía y amante del arte del cual la ciudad conserva notorios y clamorosos testimonios. En Pisa, entonces, el livornés contra-corriente Cagnetti ha frecuentado estudios de pintores valiosos que siempre le vuelven a la memoria y los cita con el afecto y la estima de un alumno humilde y agradecido: Pratali, Rossana Biagi, Fornaini, Magoni, Lavagno...y otros que continúan a honrar la tradición pisana y a ocupar el alma del pintor Cagnetti; aún cuando circula en los fondos marinos entre las algas y las flores maravillosas que exigen fuertes reminiscencias para expresarse en colores vivos y a veces desconcertantes como ocurre entre las rocas con musgo tapizadas con otras flores como gemas de esmeraldas y rubíes. Se producen en este ambiente los encuentros fantásticos con personajes que habitan el sueño. Y son jóvenes desnudas, fuertes hombres que recuerdan a los pescadores de la Livorno aprisionada en las visiones de Sassoscritto y a las leyendas que tramando historias marinas imposibles y situaciones que todavía parecen resucitar cuando el mar enfurecido rompe sobre la costa y se alza. Del fondo del mar Cagnetti conserva los timbres y tonos de colores que surgen imprevistos como guardias constantemente pendientes de aquel orden singular –desorden constituido que la mano hábil del pintor colma de señales, de formas inventadas y de aquellos colores que lasceran la oscuridad submarina y parecen creados para identificar formas humanas e invitarlas a gozar del espectáculo. Un espectáculo que se renueva puntualmente en aquellas raras empresas que el pintor afronta exponiendo sus cuadros en una galería de arte para mostrarlos al juicio del público; aunque él sabe bien que el único juez capaz de entender el empeño y el esfuerzo, más allá de la capacidad creativa, necesaria para organizar un “Festival” del imaginario de aquel tipo, es él. Solo él. También porque en aquel mundo misterioso e intrigante que construye sobre cada tela es cada vez la parcial revelación de su refugio construido para hospedar las propias esperanzas, las ilusiones y tormentos que el arte dona a quien la practica verdaderamente; y que siempre ofrece al ojo de los observadores ocultos, aquellos que aman detenerse sobretodo a fisgar, semiescondidos por las algas, sus encuentros secretos con las doncellas de sueño, aladas y ligeras como mariposas que se deslizan fuera del “set” después de un abrazo fugaz. Excepcionalmente, Cagnetti concede también al símbolo inimitable de su ciudad de adopción –la torre inclinada- la posibilidad de asistir más allá de la distancia del agua a sus extraordinarias aventuras. Para que con discreción, pueda informar a la ciudadanía. Y mientras tanto las señales se afinan y la paleta se encuentra con soluciones cromáticas nuevas que aparecen de improviso iluminando su itinerario artístico: su vida. Florencia, Julio de 2003 Marco Cagnetti: Personalidad compleja y articulada, atento e introspectivo observador que cree en los primordiales valores de la amistad profunda y de humanidad recíproca. Desilusionado de la naturaleza humana se refugia en sus mundos hechos de amplios espacios donde compone con formas bizarras acentuando, jardines imaginarios poblados de figuras que pertenecen a su íntima visión de vida, un mundo onírico el suyo, lejano pero no por ésto seguro: la tierra nutre baudelerianas flores con bocas carnívoras y hospeda figuras antropomorfas deformes que pasean por estos lugares lujuriosos, ricos de decoraciones que reclaman a los antiguos símbolos de la fertilidad femenina. Los colores rumorosos pero siempre puros y compactos ( rojo, amarillo anaranjado, azul y verde) que nos remiten a aquellas típicas civilizaciones de los países en los cuales él mismo se ha legado habitándolos personalmente: México y Brasil; colores que en su irrupción se expresan como explosiones violentas. En estos últimos tiempos Cagnetti lleva su mirada más adelante, a una dimensión diferente: los grandes espacios tienen hoy superficies que se dilatan volviéndose vacías, la inmensidad es su tema, aquello del ser perteneciendo al cosmos y contemporáneamente al vacío, los colores se transforman tienen cromatismos más reflexivos, son colores fríos: azul, verde, violeta acompañados de evanescentes brillos como si sus pensamientos se adhirieran al mismo espacio enrarecido, como si el momento que el artista recorre en este tiempo se reflejara en sus cuadro con profunda meditación y con un deseo de renovación regenerativa que viene de la creación de nuevos universos donde poder obtener inspiración y energía benéfica para afrontar la vida terrena.
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